La creatividad del el pensamiento de Charles Darwin.

Publicado en por Esteban Rama Ramírez Vildoso

Celebrando el Bicentenario del nacimiento de Charles Darwin

Darwin 2.00

Por Esteban Rama Ram´rez Vildoso

"Su  habilidad para ver muchas cosas era maravillosa".
Francis Darwin


Estamos a 200 años de su nacimiento y a 150 de su obra más importante: Darwin llegó al mundo en Shrewsbury el 12 de febrero de 1809 y El Origen de las Especies se publicó en noviembre de 1859, veinte años después de que su teoría ya estaba claramente concebida (según propia confesión).

Ocasión propicia para el examen crítico; para balances, revisiones y renovadas discusiones. Un gran pensador no se agota fácilmente, su figura siempre estará abierta para otras interpretaciones y para nuevos aprendizajes. Darwin ha sido objeto de múltiples aproximaciones, ciertamente desde el elogio hasta el rechazo. No podía ser de otro modo, dado al trastorno que sus ideas provocaron en nuestra cultura.

Con todo, hay algunos aspectos de su vida relativamente poco explorados. Conocemos mucho debate sobre sus teorías, pero sabemos menos de sus formas de pensar, sus hábitos intelectuales y sus actitudes hacia la experiencia, aún cuando sobre esto último se conservan testimonios valiosos.

 

En particular, Darwin escribió una breve autobiografía originalmente sólo para su familia, pero que terminó siendo publicada. Una autorrevelación destinada a una esfera privada, que por la fuerza de su popularidad se hizo pública, con apenas unas omisiones y pequeñas correcciones. Francis, uno de sus hijos, explica: "Los recuerdos autobiográficos de mi padre, aquí reproducidos, fueron escritos para sus hijos, sin pensar en ningún momento que jamás fueran a publicarse. (?) Se comprenderá fácilmente que en una narración de carácter personal e intimista escrita para su esposa y sus hijos, habrá pasajes que deben omitirse".

Pero, precisamente, por ese carácter intimista, por la soltura y sencillez con que están escritas estas líneas, podemos encontrar en ellas algunos elementos reveladores para observar la forma peculiar que tiene la creatividad de este personaje.

Todos los seres humanos tienen los mismos procesos mentales básicos, de modo que cualquiera puede compararse con Darwin sin cometer por ello una desmesura. Desde luego, deben existir diferencias de grado, pero, tal como lo ha señalado Howard Gardner, "ninguna línea divisoria absoluta separa lo ordinario de lo extraordinario". Cualquiera sea la herencia genética, las personas destacadas no pudieron nacer completamente hechas. Nadie nace enseñado, decía Séneca; y Gardner agrega que aun tratándose de sujetos extraordinarios, con seguridad tuvieron que desarrollarse poco a poco, hasta llegar a un sitio destacado. Por ello, sus vidas contienen lecciones y nos reservan, si sabemos observar con cuidado, algún aprendizaje.

En su libro Mentes Extraordinarias, Gardner ha planteado tres puntos para avanzar en la comprensión de los grandes maestros. Primero: sobresalen en la medida en que reflexionan, a menudo explícitamente, sobre acontecimientos de su propia vida, ya sean grandes o pequeños. Segundo: se distinguen menos por sus impresionantes poderes en bruto que por su capacidad para identificar sus cualidades y explotarlas a continuación. Tercero: a menudo fracasan y, en ocasiones, de forma espectacular; sin embargo, en lugar de darse por vencidos, aceptan el reto de aprender de estos percances y convertir las derrotas en oportunidades.

¿Podemos descubrir estos rasgos en Darwin? Veamos.

Sobre su capacidad para reflexionar sobre sí mismo y auto conocerse, unos breves pasajes de su autobiografía: "Mirándolo todo en retrospectiva, me doy cuenta ahora de la forma en que mi amor por la ciencia fue gradualmente destacando por encima de cualquier otra afición. (?) Puede que merezca la pena tratar de analizar las cualidades mentales y las condiciones de las que ha dependido mi éxito. (?) Durante muchos años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables. (?) Mi laboriosidad ha sido la máxima en la observación y recogida de datos, y lo que es mucho más importante, mi pasión por la ciencia natural ha sido constante y ardiente. (...) Desde los primeros años de mi juventud he tenido el más fuerte deseo de comprender o explicar todo lo que observaba, esto es, agrupar los hechos en leyes generales. (?) Hasta donde llega mi crítica, no soy capaz de seguir ciegamente la dirección de otra persona".

Segundo, sobre la identificación de sus capacidades: "No tengo la gran presteza de aprehensión o ingenio, tan notable en algunos hombres inteligentes, por ejemplo Huxley. Por lo tanto soy un mal crítico: la lectura de un artículo o de un libro, suscita en un principio mi admiración, y sólo después de una considerable reflexión me percato de los puntos débiles. (?) Creo que ahora soy un poco más hábil para conjeturar explicaciones acertadas e idear pruebas experimentales, si bien es probable que ello sea simplemente consecuencia de la práctica y de un mayor cúmulo de conocimientos. Tengo tanta dificultad como siempre para expresarme clara y concisamente; esta dificultad me ha ocasionado una gran pérdida de tiempo, aunque, como compensación, ha supuesto la ventaja de hacerme pensar larga y atentamente cada frase, y ello me ha llevado a percatarme de los errores de razonamiento y de los contenidos en mis propias observaciones o en las de otros. (...) Por lo tanto, mi éxito como hombre de ciencia, cualquiera que sea la altura que haya alcanzado, ha sido determinado, en la medida que puedo juzgar, por complejas y diversas cualidades y condiciones mentales. De ellas, las más importantes, han sido: la pasión por la ciencia, una paciencia ilimitada para reflexionar largamente sobre cualquier tema, laboriosidad en la observación y recolección de datos, y una mediana dosis de inventiva así como de sentido común. Con las facultades tan ordinarias como las poseo, es verdaderamente sorprendente que haya influenciado en grado considerable las creencias de los científicos respecto a algunos puntos importantes".

Tercero, sobre sus experiencias difíciles y su tolerancia a la frustración: "Me han dicho que yo era mucho más lento en el aprendizaje que mi hermana menor. (?) Nada pudo ser peor para el desarrollo de mi mente que la escuela del doctor Butler, pues era estrictamente clásica y allí no se enseñaba nada, salvo un poco de geografía e historia antiguas. Como medio de educación, la escuela fue para mí sencillamente nula. (?) Mi padre me dijo un día algo que me mortificó profundamente: 'No te importa otra cosa que no sea la caza, los perros y matar ratas, y vas a ser una desgracia para ti y para toda tu familia'. (?) En una ocasión, el director, el doctor Butler, me reprendió públicamente por perder el tiempo en temas inútiles. (?) Durante mi segundo año en Edimburgo, asistí a las lecciones magistrales de Jameson de Geología y Zoología, pero eran increíblemente aburridas. El único efecto que produjeron en mí fue la decisión de no leer nunca más un libro de Geología y de no estudiar esta ciencia en forma alguna. (?) Estaba tan harto de las lecciones magistrales de Edimburgo que ni siquiera asistí a los elocuentes e interesantes discursos de Sedgwick".

En un sentido fundamental, estaba conciente de la importancia de un suceso particular en su vida, en buena medida determinado por la casualidad y que estuvo al borde de fracasar hasta el último momento: "El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida y ha determinado toda mi carrera. (?) Siempre he creído que le debo a la travesía el primer entrenamiento auténtico o educación de mi mente".

Un caso de notable creatividad. Aún así, Darwin no fue realmente un iconoclasta, sino más bien un sujeto socialmente convencional: un creativo en el cual el orden y la disciplina no están reñidos con la divergencia; un hombre apegado a la norma social, pero capaz de provocar y remover la ciencia de su época; un esposo y padre apegado a su familia, que reconoce como su principal experiencia intelectual los cinco años en que estuvo fuera de casa; un creyente convencido (poco faltó para que fuera clérigo), que vivió sin ningún desgarro la experiencia de provocar el derrumbe de creencias tradicionales muy caras a la Iglesia.

En síntesis, un creativo 2.00.

Jun. 24 , 2009

                                                                                                                    R a m a r t

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