George Carlo I.

Publicado en por Esteban Rama Ramírez Vildoso

                 

                      GEORGE CARLO, LA BESTIA NEGRA DE LA INDUSTRIA DE LA TELEFONÍA MÓVIL.

El doctor e investigador George Carlo encabeza probablemente la lista de personajes más odiados por la industria de telefonía móvil. Y es que entre 1993 y 1998 dirigió el programa Wireless Technology Research (WTR) -dotado con 28 millones de dólares aportados por la industria- para conocer la realidad de los efectos de la telefonía sin hilos.... y sus resultados fueron alarmantes pues relacionaban -ya entonces- la radiación de la telefonía móvil con serias enfermedades, cáncer incluido. Cuando presentó los resultados a los ejecutivos de la industria suponiendo que conociéndolos éstos tomarían medidas de algún tipo se encontró con que su respuesta fue intentar ocultarlos a toda costa. Hoy lleva ya varios años denunciando en todo el mundo -hace unos meses lo contó en el propio Parlamento británico- no sólo los potenciales peligros de las radiaciones microondas sino también que nadie parece estar dispuesto a desvelar la vergonzosa manipulación de la industria de telefonía móvil.


GEORGE CARLO, LA BESTIA NEGRA DE LA INDUSTRIA DE LA TELEFONÍA MÓVIL
Cuanto más se profundiza en la relación existente entre nuestra salud y los campos electromagnéticos procedentes de los teléfonos móviles, las antenas, los transformadores, las torres de alta tensión e incluso la más moderna tecnología Wi-fi más puede apreciarse cómo se repite una vieja historia de la que ya conocemos el final. Ayer fue la industria tabaquera la que trató de ocultar y desbaratar los esfuerzos de quienes trataron de advertir de los graves efectos para la salud de la miríada de sustancias tóxicas presentes en el tabaco. Hoy son las industrias relacionadas con las emisiones electromagnéticas -telefonía móvil y compañías eléctricas principalmente- las que parecen seguir sus pasos.
Y es que cuando se intenta hablar con ellas de salud ambas reaccionan utilizando la misma estrategia que tan buenos resultados dio a los dirigentes del tabaco: ganar dinero hoy aplazando en los tribunales los problemas al máximo posible para que sean los directivos de mañana los que afronten las posibles demandas mientras ellos disfrutan ya de una jubilación de lujo. Y la estrategia es simple: basta negar fundamento científico a todo lo que les deja en evidencia, impulsar sólo investigaciones controladas que les beneficien, utilizar los medios de comunicación como altavoces de las informaciones que les son favorables y asegurar el futuro del negocio centrando sus campañas publicitarias en los más jóvenes -y por ello más vulnerables- mediante abusivas campañas de marketing que acaban convirtiendo su producto en algo "imprescindible" para sus vidas. Sólo hace falta dinero, mucho estómago y escasa ética.
En su día fue posible desmontar las mentiras de la industria del tabaco gracias en buena medida a Jeffrey Wigand, personaje que se convirtió en pieza clave para investigar y enjuiciar a las compañías tabaqueras. Hasta 1993 fue un importante ejecutivo de la empresa Brown and Williamson -llegó a ser vicepresidente de Investigación y Desarrollo- pero un día fue despedido por oponerse a la utilización de sustancias tóxicas y carcinogénicas. Dos años después, en 1995, participaría en un reportaje elaborado para el programa "60 minutos" -uno de los de mayor audiencia en Estados Unidos- y sus declaraciones ante los periodistas y la Justicia fueron vitales en las demandas que varios estados norteamericanos presentaron contra las tabacaleras en la década de los noventa. Pues bien, si el testimonio de Wigand fue vital en su momento para desvelar las oscuras tramas de la industria del tabaco quizás también lo sea en el futuro el de George Carlo, el científico que fue elegido en 1993 por la propia industria de las telecomunicaciones para dirigir una investigación que aclarara de forma definitiva si la telefonía móvil causa o no daños a la salud. Porque hoy Carlo, desde el Science and Public Policy Institute, se ha convertido en una de las "bestias negras" de la industria. Y es que lo que descubrió no ha gustado nada a sus patrocinadores. Se repite, en suma, lo que sucedió con las tabaqueras.

                                                                                                         R a m a r  t

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