LA FITOTERAPIA.

Publicado en por Esteban Rama Ramírez Vildoso


LAS PLANTAS MEDICINALES

La Fitoterapia es la utilización de plantas o partes de ellas con fines terapéuticos y viene siendo utilizada por los animales y el propio hombre desde la Prehistoria. De hecho, la mayor parte de los fármacos actuales están basados en los principios activos de las plantas. Vamos pues a introducir a los lectores en este apasionante mundo en el convencimiento de que les será realmente útil. Y lo haremos de la mano de nuestra compañera María José Valcárcel, licenciada en Farmacia y naturópata.

Se denomina PRINCIPIO ACTIVO
a toda sustancia dotada de actividad farmacológica. Los principios activos suelen ser metabolitos secundarios de la planta, es decir, que no son fundamentales para ella (suele tratarse de sustancias de reserva, productos para repeler o para atraer a los insectos para la polinización, etc.).

PLANTA MEDICINAL
es todo vegetal provisto de principios activos con una actividad farmacológica que puede ser aprovechada desde el punto de vista terapéutico.

DROGA
es la parte o partes utilizadas de la planta que contienen la mayoría de los principios activos, y/o que los contienen en la proporción adecuada. (No debe confundirse con las "drogas" que son objeto de narcotráfico). Por ejemplo, la droga de la frángula es la corteza envejecida, de la gayuba lo son las hojas, de la biznaga los frutos, de la genciana la raíz, etc. Hay que destacar que, en ocasiones, diferentes partes de una planta tienen principios activos distintos por lo que tendrán acciones farmacológicas también distintas (podemos tener varias drogas de la misma planta).

LAS PLANTAS MEDICINALES
La Fitoterapia es el uso de plantas -o partes de ella- con fines curativos y es tan antigua como el hombre mismo. Ya en la Prehistoria, cuando la Tierra estaba plagada de plantas, flores y hierbas, nuestros antepasados acudieron a ellas -probablemente tras observar las costumbres de los animales y decidir imitarles- a fin de aliviar sus dolencias. Y así, gracias a la experiencia acumulada al presenciar tanto intoxicaciones como curaciones provocadas por la ingestión -en ocasiones accidental- de distintas especies vegetales, el hombre fue aprendiendo las virtudes curativas de algunas de ellas y las acciones tóxicas de otras. El hombre llegó así a poseer una gran intuición y capacidad de selección -que nosotros hemos perdido- para escoger justamente aquella planta para neutralizar el veneno de una serpiente, aquella flor para detener la hemorragia de una herida o aquella raíz que al masticarla calma los dolores cólicos...
Cuando el hombre pasó a convivir en sociedades gregarias, este conocimiento pasaría a convertirse en un elemento de poder y quedó restringido a los hechiceros y sacerdotes de la tribu, en quienes sus congéneres pasaron a depositar la responsabilidad de cuidar de la salud del conjunto. De ahí a que el uso de esos conocimientos se hiciera en rituales mágicos o de cariz religioso sólo hubo un paso.
Muchas veces se asociaba la presunta actividad curativa de una planta a la similitud que ésta poseía, en cuanto a forma y aspecto, con el órgano sobre el que se pretendía actuar. Consecuentemente, se le daba un nombre alegórico. Así, la raíz de la mandrágora -planta muy tóxica- tiene una forma que asemeja la figura de un cuerpo humano por lo que nuestros antepasados entendían que debía ser adecuada para promover la fecundidad. Y de la misma manera, la pulmonaria (se creía que sus hojas manchadas representaban la superficie de un pulmón enfermo con nódulos tuberculosos) sería adecuada para tratar las afecciones pulmonares, los frutos del nogal (las nueces) serían buenos para mejorar la actividad cerebral, etc.
En suma, el saber popular sobre las propiedades curativas de las plantas forma parte de la herencia cultural de los pueblos. Denominándose Etnobotánica a la parte de la Botánica que se ocupa del estudio de esta información acumulada a lo largo de tantos años.
Más modernamente, a partir de estos conocimientos, la ciencia comenzaría a investigar las virtudes curativas o terapéuticamente aprovechables reales de las plantas, averiguar su composición química y separar sus distintos principios activos.
¿Por qué y para qué? Pues porque la actividad de una droga depende, en primer lugar, del principio o principios activos mayoritarios que contiene pero éstos suelen ir acompañados de otros principios que potencian -o mejor, modulan- la acción de los primeros. La proporción en la que se encuentran unos y otros es muy variable. También es enorme la variabilidad que existe en cuanto a la fórmula química de cada principio aislado. Y teniendo en cuenta que sólo cambiando un grupo químico de posición la actividad farmacológica puede ser completamente opuesta y que unos principios son a veces sustancias simples pero otras son mezclas complejas (como los aceites esenciales) es evidente que lo más práctico es no partir de cero y fijarse en lo que ya existe y, además, funciona. Y para eso lo mejor es observar la Naturaleza.
Luego, una vez separados los principios activos y realizadas con éxito las pruebas pertinentes, los científicos aceptan que esa planta pueda ser empleada con finalidad curativa.
Las industrias farmacéuticas, para sintetizar en el laboratorio un medicamento nuevo, suelen pues partir de estos principios activos y posteriormente proceden a "mejorar" su actividad, modificando su fórmula química o acompañándolos de otros principios sinérgicos (que potencian la acción), reguladores o correctores así como otras sustancias -naturales o no- cuyas características ya dependen de la forma de dosificación a utilizar (la llamada forma farmacéutica).
En general, la tendencia actual hoy de las industrias es fabricar los denominados fitofármacos, que pueden llegar a ser mezclas muy complejas de principios activos de fuentes naturales (plantas) de similar o diferente acción farmacológica destinados al tratamiento de determinadas patologías. En algunos casos corrigiendo las características indeseables -como pueden ser el olor o el sabor desagradables (corrección organoléptica)-, en otros añadiendo drogas o principios demulcentes (suavizantes) a aquellos que son irritantes, etc. Unas veces se emplea la droga completa (hojas, flores, raíces...), otras se utiliza solamente un principio activo y algunas más se mezclan varios principios activos de la misma o diferentes plantas.
Y es esperanzador que actualmente, ante el mal uso y abuso de los fármacos de síntesis, de sus efectos adversos y de las contraindicaciones e interacciones con otros medicamentos (aunque también muchas plantas poseen estos inconvenientes no son tan frecuentes a las dosis terapéuticas) se opte cada vez más por una medicina que utiliza los agentes naturales basándose en el principio hipocrático "Primum non nocere" (ante todo, no hacer daño) y por estimular la fuerza vital del individuo, la Vis Medicatrix Naturae.


María José Valcárcel
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