George Carlo II.

Publicado en por Esteban Rama Ramírez Vildoso

                                                             


MAJADAHONDA: UNA DE LAS POBLACIONES MÁS CONTAMINADAS ELECTROMAGNÉTICAMENTE DEL MUNDO

 

    LO SABEN Y LO NIEGAN


                                                                                     
   Han pasado casi diez años y siguen mareando la perdiz pero la realidad es que la industria de las telecomunicaciones es consciente de los riesgos de la telefonía móvil al menos desde finales de 1999. Con sus expectativas de que algo cambiara después de aquel mes de junio de 1999 truncadas Carlo envió en octubre de ese mismo año 30 cartas a los principales responsables de las compañías implicadas.
La carta dirigida a Michael Armstrong -Chairman and Chief Executive Officer de AT & T Corporation- lleva fecha de 7 de octubre. Y en ella -similar a las otras 29- Carlo le recuerda los datos aportados en la reunión de junio. Recordemos que era aún el año 1999 y Carlo el máximo responsable del estudio encargado por la propia industria. Bueno, pues en esa carta le explicaba textualmente lo dicho en aquella reunión:
"Informé específicamente de que:
-El índice de muerte por cáncer cerebral entre los usuarios que sostienen el teléfono apoyado en la cabeza es más alto que entre quienes utilizan el 'manos libres'.
-El riesgo de neuroma acústico -un tumor benigno del nervio auditivo que está en la gama de la radiación procedente de la antena de un móvil- es un 50% más alto entre quienes manifiestan llevar usando teléfonos móviles durante seis o más años. Más aún, la relación entre la cantidad de tiempo de uso del teléfono móvil y el tumor parece seguir una curva de dosis-respuesta.
-El riesgo de tumores epiteliales neuronales raros en el exterior del cerebro entre los usuarios de teléfonos móviles es más del doble -un aumento estadístico significativo de riesgo- en comparación con quienes no los usan.
-Parece existir una cierta correlación entre los tumores cerebrales que aparecen en el lado derecho de la cabeza y el uso del teléfono en el lado derecho de la cabeza.
-Los estudios de laboratorio que examinaron la capacidad de la radiación de la antena de un teléfono móvil para causar un daño genético funcional fueron definitivamente positivos y seguían una relación de dosis-respuesta".
En esa carta -auténtica prueba acusatoria contra la industria- Carlo hablaba también de otros posibles efectos biológicos explicando que aunque los resultados no podían considerarse "evidencias definitivas" de peligro concreto para la salud los posibles efectos potenciales evidenciados por diversos tipos de estudios, de diferentes laboratorios e investigadores, sí planteaban serios interrogantes que no podían ser ignorados.
"Es alarmante
-le decía Carlo al máximo responsable de la ATT- que algunos sectores de la industria no hayan hecho caso de los resultados científicos que sugieren efectos potenciales negativos sobre la salud. Han afirmado repetida y falsamente que los teléfonos móviles son seguros para todos los consumidores, niños incluidos, y han creado la ilusión de que hacen un seguimiento responsable porque apoyan nuevas investigaciones. Pero ni siquiera explican a los consumidores las medidas más importantes de protección, no les facilitan la información que les permita decidir de manera informada si quieren o no asumir los riesgos potenciales, no hacen un seguimiento directo y monitorizan lo que les sucede a quienes utilizan teléfonos móviles ni supervisan si los cambios en la tecnología podrían afectar a su salud".

CÓMPLICES Y CULPABLES

El trabajo que hizo para la industria permitiría a Carlo conocer las estrategias más comunes que ésta emplea para enredar, retrasar y ocultar la aparición de nuevas evidencias. Entre ellas la contratación expresa de científicos para que cada cierto tiempo aparezcan estudios favorables que luego la maquinaria mediática de la industria se ocupa de difundir. Uno de los que tuvo mayor repercusión en los últimos meses en los medios de información fue un trabajo danés titulado Cellular telephone use and cancer risk: update of a nationwide Danish cohort según el cual no han podido determinar que exista relación entre el cáncer cerebral y los móviles. Carlo, sin embargo, lo tildó de mera maniobra de la industria en una Carta Abierta publicada en Safe Wireless Initiative muy explícita: "John Boice y sus colegas han estado en nómina en la industria de telefonía móvil cobrando mucho dinero -denuncia Carlo- desde finales de los años 90. El vehículo para lavar el dinero es el International Epidemiology Institute, nombre que suena como una organización no lucrativa pero no nos equivoquemos: se trata de una empresa con grandes beneficios. Cuando dirigí el WTR, el instituto internacional de Epidemiología, Boice y un compañero llamado Joe McLaughlin solicitaron financiación para hacer ese mismo estudio de epidemiología que ha sido publicado esta semana. Después de una gran discusión en el seno del WTR la financiación se rechazó porque estaban claramente polarizados e incluso nos habían hecho saber abiertamente que estaban dispuestos a buscar siempre resultados favorables para la industria. Pensaron que era lo que deseábamos en el WTR. Pero se equivocaron. Así que cuando rechazamos darles los fondos para hacer el trabajo fueron directamente a la industria con la misma propuesta".
Lo denunciado por Carlo está en la misma línea que lo señalado en un informe publicado a comienzos de este año en Environmental Health Perspectives cuya conclusión es que cuando los trabajos de investigación sobre el uso del teléfono móvil y su relación con la salud están financiados por la industria es mucho menos probable encontrar una relación estadística significativa que en los estudios financiados públicamente. El 42% de los estudios financiados por la industria afirman que no se ha constatado la existencia de relación alguna entre el uso de móviles y problemas de salud. El resto eran neutros o no se pronunciaban abiertamente. Ni uno solo encontró relación entre teléfonos móviles y enfermedades. Sin embargo, entre los estudios financiados con fondos públicos en el 46% sí se encontró relación entre móviles y problemas de salud. Sólo en un 18% no se encontró relación alguna. "Nuestros resultados -concluyen los autores- se suman a la evidencia existente de que el patrocinio de una única fuente está asociado a resultados que favorecen los productos de los patrocinadores".
En la misma Carta Abierta, Carlo, tras denunciar otros ejemplos de claudicación de algunos colegas suyos a la presión de la industria, se refiere a una de las organizaciones más poderosas a nivel internacional: la American Cancer Society. "Lo que la gente no sabe -asevera Carlo- es que en el 2002 científicos de la American Cancer Society testificaron en una demanda de cáncer cerebral en la Corte Federal de Baltimore (Maryland) a favor de la industria de telefonía móvil.Uno quisiera creer que no se pagó a nadie por expresar esas opiniones pero poco después un informe de la misma American Cancer Society aseguraba que el presunto peligro de los teléfonos móviles no es más que uno de los mitos más grandes en torno al cáncer. Es tan evidente la conexión entre la American Cancer Society y la industria de teléfonos móviles que el año pasado, cuando Sanjay Gupta -de la CNN- desveló la historia del cirujano Johnnie Cochran -que cree que su tumor cerebral es debido al uso del teléfono móvil- la industria ni siquiera lo rebatió. En lugar de hacerlo se remitieron simplemente al informe de la American Cancer Society sobre los teléfonos móviles como uno de los 'mitos del cáncer'".
Carlo, al denunciar todo lo que impide a los consumidores conocer la verdad de los efectos de las emisiones electromagnéticas, incluye por supuesto a los medios de comunicación y a los periodistas. "Inexplicablemente, no hay periodistas de investigación interesados en dejar al descubierto el amplio y profundo programa de manipulación orquestado por la industria. ¿Dónde están Woodward y Bernstein cuando los necesitas? ¿Estoy denunciando públicamente a grupos de enorme prestigio y afirmando abiertamente que tienen un comportamiento poco ético, una integridad cuestionable e indiferencia por la salud pública? Apuesten a que lo estoy haciendo. The Danish Cancer Registry, John Boice, Joshua Muscat, Michael Thun, Linda Erdreich, The Journal of The National Cancer Institute, The Journal of The American Medical Association y la American Cancer Society tienen lazos con la industria de las telecomunicaciones que comprometen su capacidad para proporcionar información significativa sobre este importante problema de salud pública. Se trata de un triste ejemplo de 'toma el dinero y corre', otro más de cómo la salud pública está comprometida por los subterfugios de la industria".

DE LA ELECTRO-HIPERSENSIBILIDAD AL CÁNCER

Durante los últimos cinco años Carlo, además de recopilar datos de los efectos sobre la salud y sus mecanismos biológicos con el proyecto Safe Wireless Initiative, ha creado una base de datos de vigilancia que recoge sistemáticamente la información de los síntomas padecidos por miles de pacientes en todo el mundo que sufren distintos síntomas a consecuencia de las emisiones electromagnéticas. Para lo cual cuenta con la colaboración de una red de médicos que comparten regularmente información sobre sus experiencias en el tratamiento de pacientes. Y su experiencia de los últimos años le ha llevado a considerar que ningún estudio de los presentados por la industria ha sido capaz de refutar los resultados alarmantes de los experimentos de laboratorio que parecen ligar los móviles al cáncer demostrando que producen daño genético en las células sanguíneas humanas expuestas a la radiación de los teléfonos.
Además no sólo es el problema de la posibilidad de que provoquen cáncer. Los datos acumulados por Carlo en los últimos cinco años demuestran que la hipersensibilidad a las radiaciones electromagnéticas aumenta en todo el mundo y es cada vez mayor el número de manifestaciones patológicas distintas. Sus hallazgos más importantes los resumía recientemente en The Guardian y son éstos:
-Se han hallado síntomas y patologías similares entre pacientes que sufren de electro-hipersensibilidad, sensibilidades químicas múltiples y enfermedades relacionadas con el alcohol así como desórdenes neuronales, de comportamiento y de aprendizaje. Este conjunto de síntomas ha sido definido como Membrane Sensitivity Syndrome (Síndrome de Sensibilidad de la Membrana) y el número de personas que lo sufre tras haber estado sometidos a radiaciones electromagnéticas ha aumentado dramáticamente en los últimos 24 meses.
-En los últimos 24 meses el número de teléfonos móviles se ha triplicado en el mundo: ha pasado de mil a tres mil millones. La tecnología Wi-fi ha alcanzado la penetración más alta en su historia. Y todas estas tecnologías están basadas en ondas de radio portadoras de información, el disparador definitivo en las respuestas biológicas adversas no térmicas y el inicio de la cascada hacia el Síndrome de Sensibilidad de la Membrana.
-En la mayoría de los casos cuando las exposiciones electromagnéticas se eliminan del entorno de quienes padecen el Síndrome de Sensibilidad de la Membrana los síntomas agudos desaparecen. Y se trata de un dato importante porque cumple uno de los postulados requeridos por Koch-Henle para hablar de causalidad: si cuando se elimina la exposición el efecto disminuye es evidente la causa-efecto.
-Un cambio genético ambientalmente inducido lleva a las células durante la mitosis a transmitir a las nuevas células características especiales de sensibilidad de la membrana con el resultado de la consiguiente disrupción de la comunicación intercelular, un aumento de electro-hipersensibilidad y la tendencia a enfermedades más graves.
-Los regímenes terapéuticos de intervención diseñados alrededor de los mecanismos de daño causados por los campos electromagnéticos han mostrado cambios positivos que varían desde el mejoramiento clínico del síntoma -otra ayuda para la hipótesis causal- hasta una mejora definitiva.
Como científico Carlo es plenamente consciente de que el problema de los teléfonos móviles no se soluciona con la eliminación de esa tecnología -algo imposible hoy- ni con la abstención de su uso en el caso de los más jóvenes a pesar de ser los más perjudicados. "La recomendación más seria -dice Carlo- es que nadie con menos de 20 o 21 años utilice teléfono móvil porque puede sufrir daños genéticos importantes ya que sus cerebros son más frágiles. La radiación de la antena penetra en el cerebro de los adultos unas dos pulgadas pero en los niños se adentra en casi todo el cerebro. Están pues mucho más expuestos". Obviamente Carlo sabe que pedir hoy a los jóvenes que se abstengan de usar los móviles tendría el mismo resultado que pedirles que se abstengan de tener relaciones sexuales. De ahí que para afrontar el problema abogue ante todo por exigir a las compañías que ofrezcan información clara y procedente de estudios independientes en los que no intervenga la industria a fin de que sean los consumidores los que afronten voluntariamente los riesgos. Y desde un punto de vista ya más práctico mantener la cabeza lo más alejada posible del teléfono. Aunque es consciente de que con ello no se reducirá la exposición de fondo de los hotspots inalámbricos propios de la tecnología Wi-fi, cada vez más en aumento. Carlo considera a este respecto que los receptores con antenas y los Bluetooth situados en la cabeza pueden actuar incluso como antenas para atraer señales inalámbricas ambientales o de fondo.
La mejor solución para Carlo, en cualquier caso, sería reducir la radiación de fondo volviendo a apostar por la fibra óptica como tecnología para transportar la señal a escuelas, cafés, oficinas y hogares estableciendo allí puestos de emisión a corta distancia y escasa potencia que se encargarían de la difusión aérea de la señal en caso de ser necesario. La principal ventaja de la fibra óptica es que la tecnología está lista ya y el aislamiento de los cables es muy eficaz con una radiación casi nula. Su inconveniente, el coste de cablear la ciudad. La cuestión es si las ventajas de la tecnología inalámbrica a corto plazo no nos conducirán a un futuro nada halagüeño como pasó cuando se convirtió al tabaco en un objeto de prestigio social.
"¿La gente que comienza a usar teléfonos móviles
-se pregunta Carlo-, como los niños o los adolescentes, tienen un alto riesgo de desarrollar cáncer cerebral a los 40 o los 50? Hasta ahora ningún estudio puede contestar a eso. Hasta dentro de 15 o 20 años no habrá estudios epidemiológicos de gran alcance que puedan darnos una respuesta clara ratificando si son seguros o el peligro es muy real. Hasta entonces deberemos confiar en los experimentos de laboratorio para encontrar respuestas. La investigación financiada y supervisada por los gobiernos y no por la industria es lo que puede ofrecer a los consumidores la mayor esperanza. Mientras, los usuarios de móviles deberían tomar todas las precauciones posibles. Empezando por alejar el aparato lo más posible de la cabeza cuando lo use".

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